sábado, 7 de noviembre de 2009



40 años online

A las 22.30 del miércoles 29 de octubre de 1969, el estudiante Charley Kline, de la Universidad de California en Los Angeles, intentó conectarse a una computadora en el Stanford Research Institute, donde estaba Bill Duvall. Tenía que transmitir la palabra login (conectar), pero a la tercera letra todo el sistema se colgó. Una hora más tarde, sin embargo, logró transmitir la palabra. La tecnología que daría vida a Internet era una realidad.En rigor, lo que estaba en pleno funcionamiento era Arpanet, red precursora de lo que hoy conocemos como Internet, que pasaría de tener cuatro computadoras conectadas en 1969 a los más de 680 millones de equipos que hoy componen la red de redes.
Con el fin de la Segunda Guerra Mundial llegó la bomba atómica, la Guerra Fría y, en 1954, el transistor de silicio, dando pie a los circuitos integrados y a la posibilidad de crear computadoras cada vez más poderosas y relativamente más económicas, que se fueron instalando en los centros académicos más importantes de Estados Unidos.En 1961, Leonard Kleinrock publicó un trabajo en el que analizaba la posibilidad de transmitir información en forma de paquetes de datos, y no como un único bloque, como una manera de aprovechar las redes de comunicación existentes. En diálogo con La Nacion en 2003 (ver www.lanacion.com.ar/468833 ), Kleinrock explicó que se dio cuenta de la diferencia entre la manera en que los humanos aprovechamos una conexión telefónica y en cómo podían hacerlo las computadoras: un tercio de cualquier llamada está compuesto por silencio, mientras pensamos, titubeamos y demás. Al usar una computadora, pasa lo mismo: la mayor parte del tiempo el equipo está a la espera de una orden. En ese entonces las computadoras eran pocas y muy caras (cada una del tamaño de una habitación) y había muchos científicos ansiosos de usarlas. Kleinrock comprendió que se desperdiciaba su capacidad y que sería mucho más útil compartirlas con otros usuarios remotos. Una manera era accediendo a ellas por teléfono (desde lo que se llama una terminal), pero había que buscar la manera de liberar la línea para otros usuarios mientras el equipo esperaba más instrucciones. Y demostró así que se podían aprovechar mucho mejor los recursos si se compartían

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